Autor: Gabii
Fecha de publicacion: Miércoles 8 de octubre del 2025
Entre cañadas verdes y muros de cantera, Aculco se presenta como uno de los secretos mejor guardados del Estado de México. Este Pueblo Mágico, cercano a Villa del Carbón, conserva una esencia que combina naturaleza, historia y tranquilidad, invitando a recorrerlo sin prisa.
El entorno natural de Aculco sorprende por su equilibrio entre vegetación serrana y formaciones rocosas. Las cascadas que rodean el pueblo —alimentadas por riachuelos que nacen en la sierra— son parte de su identidad más reconocible.
A pocos kilómetros del centro, la Cascada de la Concepción se abre paso entre columnas de basalto formadas por antiguos flujos de lava. En temporada de lluvias, el agua desciende con fuerza creando un espectáculo sonoro y visual que contrasta con el silencio de las barrancas. Los visitantes suelen caminar por los senderos que bordean el cañón o descender hacia el río para observar la caída desde su base, rodeada de musgo y vegetación húmeda.
Más discreta, pero igual de impresionante, la cascada de Tixhiñú se encuentra en una zona rural donde predominan las pequeñas parcelas y las tradiciones campesinas. Su caída de más de 20 metros forma un estanque natural, ideal para descansar o tomar fotografías. El paisaje combina el sonido del agua con el de los animales de campo, creando una atmósfera de serenidad que pocas localidades del Estado de México conservan intacta.
Además de sus paisajes, Aculco destaca por su traza colonial y sus construcciones de cantera. Sus calles empedradas y portales de piedra rosada reflejan la influencia de los pueblos otomíes y la herencia virreinal que se asentó en la región.
Construido en el siglo XVIII, el Templo de San Jerónimo se erige como el punto central de la vida comunitaria. Su fachada barroca y los retablos dorados de su interior muestran el esplendor artístico del periodo colonial. El convento anexo, hoy parcialmente restaurado, resguarda muros con frescos antiguos y patios que evocan el silencio monástico de otra época.
Al caminar por el centro, destacan los portales sostenidos por columnas labradas y los balcones de hierro forjado. En sus alrededores se concentran talleres donde artesanos locales trabajan la piedra y la cerámica, siguiendo técnicas tradicionales transmitidas por generaciones. Esta continuidad artesanal refuerza el carácter auténtico del pueblo y su valor como testimonio vivo del patrimonio mexiquense.
Aculco mantiene un ritmo pausado que permite observar sus detalles: los colores de las fachadas, el aroma del pan recién hecho, los saludos de los vecinos al pasar. Este ambiente de quietud se ha convertido en parte de su atractivo, especialmente para quienes buscan un contacto más profundo con la cultura rural y las expresiones tradicionales del altiplano.
Durante el año, Aculco celebra fiestas patronales y ferias donde la música de banda, la danza y la gastronomía local llenan las calles. Estas celebraciones no solo son eventos turísticos, sino también encuentros comunitarios donde las familias mantienen vivas las costumbres heredadas.
Explorar Aculco es adentrarse en un fragmento del pasado que sigue respirando entre cascadas y muros de cantera. Su mezcla de naturaleza, arquitectura y tradiciones lo convierte en un destino único para quienes buscan conocer el lado más auténtico del Estado de México. Entre sus paisajes silenciosos, se revela una historia que no necesita palabras: basta caminar sus calles para entender por qué este pueblo sigue siendo un secreto bien guardado.